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Los Bengals son cosa seria

La AFC Norte amenaza ser una división con cuatro récords positivos. El domingo, en Baltimore, se cruzaron dos de los contendientes: Cincinnati Bengals y los Ravens. Se esperaba un partido de marcador cerrado, sin embargo el ganador lo hizo por un margen de más de 20 puntos.

Cincinnati Bengals y Baltimore Ravens se enfrentaban en el M&T Stadium por el liderazgo de la AFC Norte. Pero vale la pena hacer un alto para entender en qué contexto se daba este duelo. 

En el imaginario del local cabía enfrentar partidos de esta índole. Favoritos para ganar su división antes del kickoff inicial de la temporada y con un récord de 5-1 en lo que iba del 2021, para decirlo sencillamente, estaban en el lugar donde esperaban estar. 

En cambio el visitante era un inmenso signo de pregunta al inicio de la temporada; pero uno que en su interrogación no contemplaba la soledad de la cima. Nadie esperaba que un equipo con 6 triunfos en dos años pudiera estar a la altura de competir en una división particularmente competitiva. 

Así llegaban al choque y desde el inicio se estableció un parámetro que con el correr del juego alcanzaría la jerarquía de constante: la defensa de los Bengals no permitiría yardas por tierra. Eso, frente a un equipo cuyo QB es líder en yardas terrestres requiere de un trabajo táctico, estratégico y técnico que los de Taylor hicieron a la perfección. 

Foto: baltimorebeatdown.com

Lamar Jackson, figura excluyente de la ofensiva de Baltimore, no jugó cómodo en ningún momento del partido. Sin embargo, es un jugador que no necesita estar cómodo para hacer daño. 

Su inicio fue pobre en lo que respecta a envíos. La crítica histórica a su juego (se dice que como QB es un buen RB), que había comenzado a despejarse en esta temporada, al menos en ese primer cuarto, volvió a tener fuerza de verdad. Las veces que TE o WR pudieron liberarse de los defensores rivales no fueron bien servidos por el 8.

Eso para los visitantes era agua en el desierto. Su estructura defensiva contemplaba el riesgo de que las yardas que le limitaran a Lamar por tierra, podrían recibirlas en el juego aéreo. Por eso la mala puntería era un bálsamo. 

Completado el ítem de la defensa, comenzaba el nudo del ataque. En el ovillo de este partido, la punta para los Bengals era el ataque. Y en un principio le costó, un poco por imprecisiones, otro poco por malas decisiones pero principalmente por la buena defensa cuerva. El final del primer cuarto fue 3 a 0 para Bengals. 

Durante la segunda parte de la primera mitad no cambiaron mucho las condiciones generales, aunque sí la eficiencia de ambos ataques. Lamar pudo desprenderse un poco de la presión y pudo correr y conectar con Andrews, Bateman y Brown. 

Por el lado de los Bengals, comenzaba a asomar la presencia más determinante del partido: Ja’Marr Chase. Ya sea como objetivo de Burrow o arrastrando la marca para Higgins, Uzomah o Boyd, desde el segundo cuarto se observaba que la ofensiva Bengal podía cristalizar en Baltimore todo lo que se esperaba de ella.

A menos de dos minutos del Halftime, llegaban empatados en 10, la pelota en posesión de Cincinnati a 75 yardas de la zona de anotación. Fue precisamente allí donde se quebró para siempre la naturaleza del partido. 

La defensa de los Ravens sabía del éxito de los Bengals en la pausa de los dos minutos, sabía que el motor de ese éxito era la conexión Burrow/Chase y a pesar de ese conocimiento, los de Cincinnati remontaron toda la cancha en un minuto gracias a la conexión Burrow/Chase. Los frenaron en la zona roja, pero a pesar de llevarse solo tres puntos esa demostración de superioridad, a corto plazo, sería irremontable para la defensa Raven. 

El inicio del segundo tiempo hacía creer que todo podía cambiar. En el primer drive, dos pases de Lamar Jackson y una recepción alucinante de Marquise Brown fueron suficientes para que los locales pasaran al frente por primera vez. La respuesta de ese drive también fue para TD, el segundo de C.J Uzomah. 

Entonces el balance cambió definitivamente. La defensa del visitante se mantuvo férrea, con la misma intensidad que en el primer cuarto, en cambio la local fue barrida por los ases de Burrow. 

El TD de Ja’Marr Chase para colocar el marcador 27 a 17 fue una obra maestra de la elusividad. Y no solo eso, el desconcierto de los Ravens era tal que ahora, además de pasar, los Bengals corrían. 2 TD por tierra, uno de Mixon y otro de Perine, redondearon el 41-17 final. 

Para los Baltimore Ravens la semana de descanso llega en el momento justo. La derrota fue un golpe durísimo, pero a pesar del 5-1, no fue del todo inesperada. Algunas de las victorias dejaron muchas dudas, que estallaron todas juntas en la tarde del domingo.

Es el momento de replantear el plan de juego ofensivo y ajustar las irregularidades defensivas. 

Algunos jugadores lesionados van a reincorporarse para el choque del domingo 7 de noviembre ante Minnesota Vikings. Los Ravens son un gran equipo. Es sólo cuestión de respirar profundo, recuperar el foco y trabajar. 

En Cincinnati los fanáticos no pueden salir del asombro. De no ser por una intercepción en zona roja y el TD fácil del primer drive del tercer cuarto, podrían estar hablando del partido perfecto. La O-line sostuvo un bolsillo en el que Burrow se movió con soltura, la línea defensiva fue un muro formidable con 5 capturas del Mariscal. Ja’Marr Chase no deja de asombrar a propios y ajenos. En resumen, las cosas pintan bien en Queen City. 

La pregunta ahora es cuál es el techo de este equipo, y valga la redundancia, lo cierto es que la respuesta es incierta. Pero obviando la altura del techo, está claro que el nivel de suelo es mucho más alto de lo que las mejores especulaciones podían vaticinar.

El domingo ante NY Jets, tienen una gran oportunidad de asentar el trigo en el costal y empezar a preparar una nueva cosecha. 

foto de portada: bengalswire

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