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Stanford Jennings: El retorno del destino

stanford jennings retorno de 93 yardas para touchdown en el super bowl XXXII

En el invierno de 1989, los Bengals y los 49ers se disputaban el Trofeo Vince Lombardi en el Robbie Stadium de Miami. El partido áspero, parejo, de bajísima puntuación se iba a quebrar con una corrida memorable de Stanford Jennings. Lo que pocos saben, es que detrás de esa jugada se escondía una historia extraordinaria de vida.

EL MOMENTO

La respiración, como un fuelle trabajando en el interior del casco, es el único sonido que Stanford Jennings se permite escuchar en la ruidosa noche del Joe Robbie Stadium de Miami. En su corazón se había comprometido a hacer algo grande esa noche. Las manos apoyadas en sus rodillas como un resorte tenso. Una gota de sudor que desafía el clima, le humedece la sien. Las luces del estadio iluminan como en un teatro a Mike Cofer, el kicker rival, que se perfila y avanza con pasos largos hacia la pelota. Stanford contiene la respiración y por un segundo se permite pensar en Kelsey, su hija de apenas un día de vida a la que acaba de conocer en una cinta de vídeo.

Stanford Jennings conoce a su hija a través de un videotape en la concentración de Cincinnati previo al Super Bowl. Foto: Cincinnati Enquirer

La pelota despega del botín de Cofer y un destino ovalado cabalga hacia su posición. Stanford abre bien los ojos. Con pasos de equilibrista va midiendo la posición exacta donde caerá la pelota. Cierra sus brazos en cuna para amortiguar el impacto y la pelota muere adherida en la trampa de su 36 estampado en el pecho. En una milésima de segundo, Stanford ve pasar los 26 años de su vida. Una mezcla de sangre y adrenalina se esparce velozmente en su cuerpo. La odisea está por comenzar.

EL CONTEXTO

El Super Bowl XXIII enfrentó en el invierno de 1989 a los Bengals de Cincinnati (14-5) y a los 49ers de San Francisco (13-6), en un partido cargado de condimentos. Dos ciudades que encarnan el modo de ser de la costa y el modo de ser del interior; dos equipos que se habían enfrentado siete años atrás en el SB XVI con victoria apretada para los de San Francisco que en las apuestas, volvían a ser amplios favoritos.

Con tres Super Bowls jugados en la década y dos ganados, los niners atravesaban una época dinástica bajo la dirección técnica de Bill Walsh y el comando de Joe Montana en el emparrillado. Jerry Rice brillaba como una gran estrella de la NFL y la defensa respetaba el espíritu fìsico y disciplinado que Walsh le había impuesto con su llegada en 1979. Si bien esa temporada había comenzado con algunas complicaciones, para la llegada de los Play Off el equipo había tomado un ritmo de imbatibilidad. El camino hacia el SB se había edificado con un 34-9 frente a Vikings y un 28-3 sobre los Bears.

Foto: Máximo Avance

El equipo de Cincinnati no parecía ser rival, sin embargo el recuerdo de aquel Super Bowl XVI era una señal de alarma en San Francisco. 

Aquel 24 de enero de 1982 en el Pontiac Silverdome de Michigan, la ventaja de 20-0 a medio tiempo, se había evaporado hasta un apretado 26-21 final. Si bien el equipo de Cincinnati de 1989 era muy distinto de aquel del ’82, el amor propio es un rasgo que se hereda y aquellos Bengals habían demostrado que lo tenían de sobra. 

Solo la legendaria OL liderada por Anthony Muñoz y Max Montoya había sobrevivido al tiempo. A diferencia de los 49ers, aquellos Bengals del SB XVI representaban el fin de una era. Figuras como Ken Anderson, Ken Riley y el HC Forrest Gregg, se retirarían poco después de ese partido. Los Bengals 88/89, bajo la dirección técnica de Sam Wyche y Boomer Esiason con el jersey de Mariscal, eran un equipo duro en la defensa y arrollador en la ofensiva con el argumento de su juego terrestre. A la mencionada OL, se sumaba un backfield compuesto por James Brooks y Ickey Woods, dos leyendas no sólo de Cincinnati sino de toda la Liga.  

Foto: Cincinnati Enquirer

Stanford Jennings también formaba parte de ese cuerpo de RBs y detrás de esas dos figuras eran pocas las posibilidades de hacer una jugada grande. Apostaba al kick return. Era un especialista en esa materia. Esa noche, sentado en el banco, sufría más que nunca la ambigüedad de su puesto. Depender de la anotación del contrario para entrar en acción, se le hacía moralmente insoportable. 43 minutos después del kickoff inicial, su equipo ganaba apenas 6 a 3. Tras el empate transitorio de los niners, esa pelota que ahora apretaba contra su cuerpo era la primera que podía retornar y tal vez la última.

LA HENDIJA

Con la pelota bien asegurada, su mirada convierte el emparrillado en un campo de batalla. Sus compañeros más corpulentos, con sus brazos entrelazados como una falange de Infantería, forman una barrera en el flanco derecho. Sus compañeros más ágiles, como una tropa de caballería, se baten cuerpo a cuerpo con los caballeros de jersey rojo en el flanco izquierdo. Con la intuición de los expertos, Stanford observa que la infantería y la caballería rival avanzan demasiado abiertos. Si el muro de infantes resiste, el movimiento de tenazas va a cerrarse demasiado tarde y por esa hendija se abrirá un paso hacia la zona de anotación.

Stanford sacude el piso como un toro y se lanza a la hendija que se va cerrando como las puertas en las películas de acción. Al filo de la barrera de los Infantes, una mano rival está a punto de arrebatarle el sueño. El roce en el botín lo inquieta, pero la tracción de sus piernas le permite desembarazarse de la trampa mortal. Una bocanada de aire fresco le acaricia la cara. Había cruzado al otro lado de las trincheras y adelante tenía campo abierto para correr. 

Stanford Jennings desparramó a todos sus rivales en aquel kickoff return.
Foto:Twitter

EL HOMBRE

Stanford nació el 12 de marzo de 1962 en Summerville, Carolina del Sur. Muy temprano comprendió que en el poder de sus piernas podía edificar un proyecto de vida. En el Summerville High School tuvo la oportunidad de medir sus fuerzas. En los años que estuvo en cancha, el equipo perdió solo dos partidos. Ese currículum le permitió llegar a la Universidad Furman, donde se licenció en Ciencias Polìticas y ayudó al equipo a ganar cada uno de los campeonatos en los que participó.

Con el diploma en el bolso, el azar se puso de su lado. Sam Wyche, un ex alumno de la Universidad Furman, era el HC de los Bengals en ese 1984 de su graduación. Con empeño, convenció a Paul Brown de reclutar al muchacho de Carolina del Sur en tercera ronda del draft. Así, el hijo de una pareja de granjeros de Summerville llegaba a la NFL. 

Antes y después del Football profesional, la vida de Stanford estuvo marcada por la responsabilidad, la inteligencia y la disciplina. “El jugador más desinteresado que he entrenado en mi vida”, señala Sam Wyche, su mentor y amigo. Stanford conoció a Kathy, se casó con ella, tuvieron a Kelsey y a su hermano Jaime; ahora viven en un suburbio de Atlanta donde Stanford se desempeña como jefe regional de ventas de una importante marca deportiva. La suya es una historia más que se añade al mito del sueño americano, solo que aquella noche de enero adquiriría ribetes hollywoodenses. 

LA RESOLUCIÓN

Stanford Jennings corre con el alma. Desde su perspectiva angular las paralelas se van abriendo mientras devora yardas hacia el punto de fuga, un horizonte cargado de gloria donde el verde se transforma en el rojo y dorado del equipo rival. Los ojos bien abiertos, la respiración agitada del esfuerzo extremo, los gritos de la tribuna. Cruza la mitad de la cancha y gira la cabeza para averiguar la distancia que lo separa de sus perseguidores. Con pavor observa que más rápido de lo que se acerca a la zona de anotación, se agranda el número 83 en el pecho de Terry Greer, un velocista que lo persigue como si en ello fuera su vida.

Stanford cierra los ojos. No los volverá a abrir hasta que acabe la jugada. Piensa en Kathy, su mujer, que en el otro extremo del país estaría viendo el partido. Imagina como resiste la ansiedad con los puños apretados para evitar el grito que pudiera despertar a Kelsey, esa nena con la que sin saberlo había soñado toda la vida. Kelsey le da fuerzas. El deseo de poder contarle que la noche que llegó al mundo él anotaba un TD en el SB, es el motor que bombea sangre y espíritu a sus piernas agotadas. No quiere abrir los ojos para ver la distancia que lo separa de la línea; no quiere que Kelsey se le escape de la fantasía; ojalá pudiese mantenerse siempre así, en perpetua comunión, pero una estocada en el tobillo lo arrebata del limbo y lo empuja pesadamente al suelo, por suerte, del lado del paraíso. 

La celebración de Stanford Jennings tras aquella legendaria jugada en el Super Bowl.
Foto: Twitter

La historia del partido iba a continuar. Los Bengals parecían llevarse el Vince Lombardi, pero a un minuto del final la magia de Joe Montana se encargaría de cargarlo en el avión a San Francisco. Fue 20-16 para los de la costa oeste, sin embargo esa corrida de 93 yardas no acabará nunca en el recuerdo de la familia Jennings ni en el corazón de los fanáticos de los Bengals.  

Fuentes de consulta

Fuente 1

Pro Football Reference

Biografia de Stanford Jennings

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